RuinasEl progreso, el desarrollo, la izquierda y la derecha, la línea entre naturaleza y cultura: los mapas que ordenaban el presente siguen en pie, pero señalan lugares que ya no existen. El primer eje parte de ahí, del presente como ruina. No la del colapso material, sino la del lenguaje heredado, que todavía se pronuncia y ya no explica.
CuerposEl cuerpo como punto de partida. No solo el cuerpo humano: lo vivo en todas sus escalas, del organismo al ecosistema. Subjetividad, biopolítica, biotecnología, identidad, ecología. Este eje trabaja desde la experiencia situada como forma de conocimiento y pregunta qué está en juego cuando lo vivo se vuelve territorio de intervención técnica y política.
LenguajesEl lenguaje como problema epistemológico: los signos, los sistemas de representación, la relación entre lo que decimos y lo que llamamos realidad. Incluye también los lenguajes no humanos, los de la IA y los que todavía no tienen forma, y ensaya escrituras, imágenes y sonidos para decir aquello que las categorías disponibles no logran.
FronterasToda frontera enuncia dos cosas a la vez: un límite y una pertenencia. Separa y nombra. Este eje trabaja sobre esas líneas, las visibles y las que operan sin ser trazadas, y piensa desde el borde, no sobre el borde. No busca borrar la línea ni celebrar su cruce, sino pensarla: sostener las dos cosas que no terminan de mezclarse, hacer de la exclusión una pregunta y no un dato.
Hologramas¿Qué pasa cuando ya no se distingue lo real de su simulación? Este eje aborda los simulacros del presente (medios, algoritmos, virtualidad, propaganda) pero también sus grietas, sus fantasmas y sus posibilidades de hackeo poético. Pregunta cómo funcionan esas operaciones, quién las controla y qué se abre cuando hay interferencias en la imagen.
FuturosEste eje cierra el recorrido volviendo la mirada hacia adelante, para ensayar lo próximo. La práctica colectiva no como certeza compartida ni futuro único, sino como el modo de imaginar lo posible sosteniendo lo que no se deja homogeneizar.